Los deportes de equipo ofrecen a los niños la oportunidad de aprender nuevas
habilidades, fomentar su autoestima y hacer amigos. La lección de vida más
valiosa que quizás puedan aprender sea la de tener espíritu deportivo y de
aceptar de buena gana tanto la derrota como la victoria, manteniendo siempre una
actitud positiva. Los padres y los entrenadores son los que marcan el tono del
espíritu deportivo. Según Fred Frankel, Ph.D., profesor de psicología médica del
Hospital Neuropsiquiátrico Resnick, en UCLA, cuando los niños de corta edad
juegan lo hacen solamente como diversión. Para cuando llegan al tercer grado,
más o menos, empiezan a desarrollar un instinto competitivo. Los padres y los
entrenadores deben estimular pronto el espíritu deportivo con el fin de
establecer una base antes de que surjan problemas.
¿Qué es el espíritu deportivo?
El espíritu deportivo se
manifiesta cuando los niños, padres y entrenadores colaboran con una sencilla
meta en mente: asegurarse de que los niños se diviertan en el campo de juego,
sigan las reglas y centren sus energías en mejorar sus habilidades. En esencia,
el espíritu deportivo no es sino la regla de oro: tratar a los demás como
deseamos que nos
traten a nosotros. Los niños que tienen espíritu deportivo en el campo de juego
es probable que respeten a sus semejantes en el resto de sus actividades: en
casa, en clase y entre sus amigos.
Sin embargo, en la sociedad competitiva en la que vivimos la falta de
espíritu deportivo hace acto de presencia prácticamente en todos los eventos
deportivos entre niños de todas las edades. Los niños que no tienen espíritu
deportivo juegan sin consideración por los demás. De acuerdo con el Dr. Frankel,
esta conducta puede reflejar aquello que el entrenador o los padres les enseñan
desde la línea de banda.
Los buenos entrenadores se concentran en la instrucción. “Muchos entrenadores
se enorgullecen de jugar a ganar a toda costa”, observa el Dr. Frankel. Para los
niños, este mensaje significa que está bien actuar con maldad o jugar con dureza
para complacer al entrenador. Se debe prestar atención a los árbitros durante
los partidos. Ellos deben obligar al cumplimiento de las reglas con
imparcialidad y expulsar rápidamente a los padres que se excedan.
El Dr. Frankel sugiere que cuando los padres estén descontentos con el estilo
de un entrenador en el terreno de juego deben pedir que lo retiren del equipo.
Asimismo, los propios padres deben poner en conocimiento de las autoridades de
la liga el comportamiento inaceptable de otros padres.
Los padres deben dar
ejemplo
Los padres pueden
ayudar recalcando a sus hijos la importancia del espíritu deportivo, con
consejos como los siguientes:
• Esfuérzate al máximo
• Controla tu lenguaje y tus acciones si te enojas
por algo
• No te entusiasmes demasiado cuando ganes
Los padres deben adoptar entonces estas reglas y mantener una actitud
positiva para dar ejemplo. “Con frecuencia, los padres ven las competencias
deportivas como una actividad en la que sus hijos pueden superar a los otros
niños”, indica el Dr. Frankel. “A veces, sin embargo, se convierte en una
venganza personal para los padres, un lugar para compensar su propio rendimiento
deportivo, en términos de derrota”. Cuando los padres presionan a sus hijos para
sobresalir, el espíritu deportivo puede venirse abajo.
Si un niño está disgustado después de un partido, los padres deberían
compartir su perspectiva con el niño en privado, no en el terreno de juego. El
Dr. Frankel observa que los estudios siguen indicando que las normas éticas que
adoptan a la larga los niños y los adolescentes son las que sus padres
explicaron y demostraron de un modo constante.
Cuando los padres resaltan el espíritu deportivo y ayudan a sus hijos a
enorgullecerse de sus habilidades y actitud, todos salen ganando. entrenadores
son los que marcan el tono del espíritu deportivo.