Adiferencia del sarpullido común que gradualmente desaparece, el eccema es un problema médico persistente que produce enrojecimiento, irritación y comezón en la piel. La acción de rascarse continuamente puede producir costras amarillentas o masas infectadas en la piel.
Según el Dr. Robert Roberts, inmunólogo, alergólogo y director de la Clínica de Alergias de la Piel y Eccema de UCLA del Mattel Children’s Hospital UCLA, el eccema puede causar molestias físicas y emocionales en los niños.
Sin embargo, los padres pueden tomar medidas para aliviar los síntomas usando soluciones tópicas, antibióticos y otras estrategias prácticas.
El eccema no es contagioso y los niños por lo general se curan de este problema médico cuando llegan a la adolescencia, aunque algunas personas padecen esta enfermedad durante toda la vida. De acuerdo con la Asociación Nacional de Eccema, un 10 por ciento de los bebés y niños en Estados Unidos se ve afectado por esta enfermedad.
El eccema puede empeorar cuando las células en la piel reaccionan excesivamente a desencadenantes comunes, como por ejemplo:
- Sequedad de la piel
- Irritantes (por ejemplo, sustancias químicas empleadas en la casa, como detergentes de lavar ropa, jabones o ciertas telas)
- Estrés
- Calor y sudor
- Infecciones
- Alérgenos (como polen, moho, polvo y caspa de animales)
Tratamientos conservadores
El primer aso es sacar o reducir los irritantes de la casa que puedan empeorar la enfermedad. Por ejemplo, comience a usar un detergente suave de lavar ropa diseñado para la piel sensible. Además, aconseje a los niños a tratar de no sudar, siempre que sea posible, y lavarse las manos sólo cuando sea necesario.
Al bañarse, los niños deben usar sólo una pequeña cantidad de un jabón suave y agua un poco fría a tibia. Sumergirse en la tina (bañera) unos 10 a 20 minutos puede ayudar a que la piel absorba el agua. Después, los niños se deben secar y aplicar un humectante sin sustancias químicas ni fragancia, o jalea de petróleo, para ayudar a sellar la humedad y reducir la comezón.
Un pediatra o dermatólogo podría recetar cremas tópicas más fuertes si los remedios de venta sin receta no resultan eficaces.
Cuando el sarpullido es extenso y se producen marcas extremas debido a la comezón, quiere decir que se trata de un caso grave de eccema. El Dr. Roberts recomienda que los niños con eccema grave consulten con un inmunólogo o alergólogo quien tomará un historial médico completo y hará una serie de exámenes de diagnóstico, como pruebas de alergias ambientales y de alimentos. Si se determina que el niño tiene alergias, un alergólogo o dietista puede orientarlo sobre cómo evitar estos irritantes.
Casos graves
Cuando sea adecuado, se podrían recetar tratamientos más intensos, como el uso de esteroides tópicos y antibióticos muy potentes para eliminar las bacterias de la piel y reducir así el riesgo de infección.
Para los niños con eccema grave, los síntomas son más arraigados e implican más que sólo la piel. “Los niños con eccema —especialmente con eccema en el rostro— pueden ser víctimas de las molestias extremas de otros niños en la escuela”, indica el Dr. Roberts. Este estrés adicional puede producir dificultad para dormir y concentrarse y, en algunos casos, problemas emocionales. Los médicos que integran la Clínica de Alergias de la Piel y Eccema de UCLA son inmunólogos, alergólogos, dermatólogos y nutricionistas que colaboran en equipo para aislar la causa del eccema del niño y ayudarlo a controlar su problema médico. Si desea más información sobre tratamientos médicos y un grupo de apoyo para niños con eccema, comuníquese con rroberts@mednet.ucla.edu o llame al (310) 825-6481 o (310) 825-6777.